Unir puntos y organizar ideas
Hoy quiero hablarles de un tema que me encanta:
Cómo organizamos nuestras ideas, lo que aprendemos, lo que nos inspira y todo lo que vamos acumulando con el paso de los años.
Y cómo salir de las herramientas lineales a las que propician conexiones.
(Si tu también eras la niña de los cuadernos y las plumitas de colores, esto te puede interesar)
En estas últimas semanas, entre lecturas, conversaciones y proyectos en curso, sentí con mucha claridad una necesidad: encontrar una forma más viva, más útil y más integrada de relacionarme con toda la información que consumo. No solo para guardarla, sino para poder volver a ella, conectarla y transformarla en algo propio.
Desde que tengo memoria me hago estas preguntas :
¿Cómo puedo ordenar mis ideas, y también todas las que leo o aprendo, de tal manera que pueda:
encontrarlas fácilmente cuando las necesito,
crear vínculos entre ellas, conexiones entre un concepto y otro,
usar toda esa base de conocimientos acumulada para producir, crear y transmitir?
En 2019 comencé a sistematizar la utilización de mis cuadernos de notas. Todos del mismo formato y colores, con sus números y fechas. Hoy no concibo otra forma de pensar que no incluya estos cuadernos.
Dos principios guían el uso de mis cuadernos.
El primero es la SELECCIÓN DE LA INFORMACIÓN : Solo entra en mis cuadernos aquello que es importante para mí: lo que me conmueve, lo que me enseña algo o lo que podría servirme en el futuro.
Todo lo demás, se queda afuera. Lo anoto en hojas sueltas, en cuadernos menos bonitos o simplemente lo dejo pasar.
El segundo principio es el RECICLAJE DE IDEAS : Para inspirarme y encontrar puntos de conexión, releo con regularidad mis cuadernos antiguos. Luego reformulo las ideas más potentes en el cuaderno que estoy usando en ese momento.
De esta forma, las ideas ganan profundidad, densidad y claridad.
Haciendo esto, poco a poco, empecé a ver aparecer patrones. Temas que regresaban. Ejes que eran muy míos.
Entonces desarrollé un sistema con índice y diurex de colores que me permite encontrar con bastante facilidad lo que busco.
Con el tiempo, el ritmo se aceleró. Llenar un cuaderno me tomaba un año, luego seis meses, luego tres, luego dos.
Así que, después de seis años, pueden imaginarse la cantidad de cuadernos acumulados.
Alrededor del décimo cuaderno, me di cuenta de algo: materialmente ya no tenía tiempo de volver a leer todas las notas de los meses anteriores.
Fue entonces cuando me fui a hacer uno retiro en silencio para releerlos todo y extraer lo esencial: el destilado de esos años de notas. Básicamente, mis pensamientos de los ultimos años.
Ya sentía la necesidad de salir de un modo de pensamiento lineal, página tras página, para empezar a ver las relaciones entre los temas.
Así que creé mi primer mapa mental con todos los temas que aparecían en esos cuadernos.
Ese mapa me permitió comprender algo importante: no soy dispersa.
Simplemente soy alguien que se interesa por muchas áreas distintas, y esas áreas están profundamente conectados entre sí (pedagogía, trabajo somático, dibujo, espiritualidad, setido en el trabajo, filosofía, conexiones humanas…)
También me di cuenta de que los temas que exploro hoy ya estaban presentes en mis cuadernos cinco años atrás.
Esa intuición, conectar cosas que normalmente no se presentan juntas, está en el corazón de mi manera de entender la creatividad.
Fue lo que me permitió construir mis primeros cursos de dibujo: tomaba ejercicios de danza y los traducía en ejercicios de dibujo. Y funcionaba.
La facilitación gráfica nació justamente del encuentro entre personas que pensaban cómo trabajar mejor juntas, otras que hacían mapas mentales y otras que dibujaban.
Claramente ya no vivimos en un paradigma de escasez de información.
El verdadero desafío ya no es cómo accedemos a tal o cual contenido, sino cómo seleccionamos, interpretamos y nos apropiamos de todo lo que consumimos, para no sentirnos ahogados ente tanta abundancia inforamtiva.
Estoy convencida de que para que todo el contenido que consumimos (podcast, libros, formaciones, péliculas, referencias…) se vuelva realmente útil, que tenga un impacto en nuestra vida, nuestra actividad, nuestra manera de ver el mundo, necesitamos sobre todo conectar e integrar lo que ya sabemos.
Es una forma de ecología del conocimiento.
Un reciclaje que no consiste únicamente en alimentarnos de nuevas ideas, sino también en dedicar tiempo a ordenar, profundizar y tejer los vínculos desde los cuales nacen ideas nuevas.
En mis búsquedas para pasar de un pensamiento lineal a uno más holístico, capaz de percibir el conjunto, las conexiones y las interacciones, estoy descubriendo unas herramientas increíbles que les compartiré más adelante.
Por ahora, les deseo que tomen muy buenas notas, para que les sirvan a tejer la red de su pensamiento.
Ciao ciao
Satya