Cómplices creativos
Hoy quiero hablarles de un tema esencial en mi vida : mis cómplices creativos.
En esta época de mi vida, tengo varios, muchos cómplices creativos. Y son tan absolutamente vitales para mis procesos que me dije, bueno, toca hacerles un agradecimiento público.
Porque si crear puede parecer un acto íntimo, casi solitario, en realidad, está lleno de miradas. De manos que sostienen y de relación es hermosas.
Los cómplices creativos vienen en distintos tamaños y sabores, y cada relación de complicidad se cocina de forma distinta: a fuego lento o como imanes que se atraen instantáneamente.
Aquí les cuento algunos tipos que he visto en el camino.
Los que te echan porras
Aquí pongo a toda persona que cada que te ve, en vivo o en redes, te alienta y se toma el tiempo de indicar algo que está funcionando con lo que haces.
Muchas veces son personas que no necesariamente hacen lo mismo que tú, pero que saben lo importante que es para ti tu proyecto y que pasa por etapas distintas. Si pueden echarte una mano en algo (material, ideas, referencias, tiempo libre) lo van a hacer.
Pueden ser amigos, pareja, suegros, colegas, hermanas. Y claramente también los maestros que saben escuchar, abrir espacios y compartir experiencias.
De la misma manera que una palabra hiriente puede darle un bajón a nuestra parte creativa, unas palabras de aliento sincero pueden sostenernos durante mucho tiempo.
El espejo de los pares
Este tipo de cómplices son todos esos grupos o personas con quienes tienes encuentros regulares, en los que puedes compartir dónde vas en tu proceso, cuáles son tus bloqueos, tus preguntas y tus avances.
Son personas que tienen un punto en común, por eso son pares: hacen un trabajo similar, o son independientes, o crean proyectos donde los obstáculos son compartidos.
Estos cómplices son tan maravillosos que te permiten —por el simple hecho de contar y de escuchar el proceso de otros— tomar perspectiva sobre dónde estás y recibir retro súper valiosa. Estas personas que saben todo lo que implica lo que estás intentando hacer, y pueden hilar fino en las conversaciones.
Algunos ejemplos de esto, para mí, son:
El grupo de co-desarrollo entre mis amigas creativas, con quienes nos vemos cada mes.
Los grupos de facilitadores profesionales donde presentamos nuestras ideas y nos damos retro mutua.
El grupo de chicas que creamos después de una formación de negocios para mujeres conscientes, en el que nos actualizamos y espejeamos.
El acompañamiento alternado
En estos cómplices, una persona le enseña a la otra algo, y más tarde la otra le transmite o acompaña a la una con sus saberes.
Una de mis especialidades es crear este tipo de relaciones en las que alternamos los roles de maestra y alumna, según las necesidades y el momento.
Ejemplos han sido mis maestras de canto, de teatro, de facilitación, de trabajo somático, a quienes he enseñado dibujo o he acompañado con sus proyectos.
Y amo este tipo de relaciones porque implican una admiración y respeto mutuo. Y también que ambas partes, según lo que toca, nos ponemos en una postura de maestra y sostén, o de alumna y de dejarnos sostener. Sabemos que las dos lugares son necesarios para poder crecer, además de liberadores.
El socio creativo
Este es otro nivel de cómplice creativo: cuando le propones a alguien si quiere construir una parte de la aventura contigo. Montar un taller, una clase, un programa.
Esto implica que ya no solo van a hablar de arte y creación, sino también de estrategia, de dinero y de objetivos compartidos. Proponer esto a alguien es un acto de confianza muy grande y de espejeo súper interesante. Sobre todo para quienes tenemos costumbre de trabajar solos.
Lo he hecho con amigas y con familia, y es tan bello ver las relaciones que evolucionan. Te da una imagen bien interesante de tí misma; te hace ver tus fuerzas, lo que ya traes y lo que puedes aportar para beneficio compartido.
Pone también pone de frente los miedos mutuos y es un reto real. Cómo no serlo : un aspecto vital (cómo ganamos dinero) ahora forma parte de la relación.
Hacer consciente nuestra red de apoyo, y más específicamente nuestros cómplices creativos, es un acto totalmente estratégico. Entenderlo así me permite dedicarles tiempo, energía y cuidado a esos espacios.
Y es que estas personas no sólo son mi red profesional y emocional. Las conozco realmente pues han habido intercambios de saberes y de experiencias, que las recomiendo y me recomiendan.
Estas personas se vuelven testigos de mi proceso.
No me voy a cansar de decirlo :
Sentirse acompañada y sostenida en este camino es absolutamente determinante y vital. Y hace el camino mucho más placentero.
Me queda claro que este tipo de relaciones son las que hacen la diferencia entre los proyectos que se desinflan y se agotan con el tiempo, y los que evolucionan y crezcan.
Venga, ahí se cuidan
Ciao ciao
Satya