Las fugas energéticas

Hay una pregunta que me fascina desde hace años:

¿Cómo se pasa de un deseo a una realización concreta?

¿Cómo logramos que algo tan sutil como una idea se vuelva real, tangible, compartible? Y sobre todo… ¿por qué es tan difícil?

La rugosidad de lo real, claramente. Pero también todas nuestras resistencias internas que se activan en cuanto decidimos crear algo que de verdad nos importa.

Durante mucho tiempo, viví el paso entre mis deseos y mis realizaciones como una pared invisible. Era la mejor para empezar cosas, e igual de buena para nunca terminarlas.

Con el tiempo, e insistiéndole mucho a este tema, entendí algunos puntos esenciales:

Nuestra energía es un recurso estratégico

Cuando cargamos un proyecto, acompañamos transformaciones o simplemente buscamos crear algo que nos represente, nuestro recurso más valioso es nuestra energía.

La energía es:

  • la lucidez para tomar decisiones acertadas,

  • la motivación para pasar a la acción,

  • los puntos de apoyo que conectan el día a día con lo que tiene sentido.

En pocas palabras: nuestro estado mental y corporal es lo que nos permite sostener un proyecto que todavía está en ciernes.

Y si hablo de energía, es también porque la perdemos mucho. Con frecuencia sin darnos cuenta. Oh que sí : las fugas energéticas !

Hábitos invisibles van desgastando poco a poco nuestra vitalidad: son mentales, físicos, relacionales…

Aquí van cuatro que encuentro muy seguido con las personas que acompaño (y que yo misma conozco muy bien):

  • La dispersión Tenemos mil ideas, mil ganas, mil posibilidades. Y como somos buenos en el multitasking, nos decimos que podemos con todo al mismo tiempo. ¿El resultado? Nos agotamos haciendo malabares sin llegar al fondo de nada. La creatividad nace de la abundancia de ideas… pero lo que realmente importa es nuestra capacidad de madurar una y llevarla hasta el final.

  • El conflicto con la estructura y la disciplina ¿Qué nos evoca la palabra disciplina? Muchos la ven como una prisión: rutina = rigidez = falta de libertad. Cuando en realidad es exactamente lo contrario. Todo proyecto locochón se apoya en regularidades, rituales, una estructura hecha a la medida. La disciplina es el marco que permite que la magia suceda.

  • La falta de límites ¿Una cita con un cliente? Llegas puntual. ¿Tu cita contigo mismo/a? Se cancela al menor pretexto. Resultado: tus proyectos siempre quedan al final de la lista. Poner límites claros, proteger tiempo, espacio y energía para lo que de verdad importa: ese es el acto fundador de la creatividad.


La mente analiza, compara, calcula. Pero si no escuchas lo que sientes, te arriesgas al agotamiento o a perder el sentido. Los proyectos que se sostienen en el tiempo nacen de un equilibrio entre estrategia e intuición, entre pensamientos y sensaciones. Y de una relación con el cuerpo como espacio de regulación, de placer y de exploración.

Crear no se reduce a "tener ideas". Es sobre todo conocerse profundamente, construir la estructura que sostiene, los rituales que nutren, y la energía justa para dar vida a lo que nos habita.

Somos nuestro propio instrumento. Y a veces, el verdadero trabajo creativo consiste simplemente en hacer espacio:

  • identificar las fugas,

  • soltar lo que estorba,

  • y dejar circular lo que quiere nacer.

Estoy convencida de que la creación es nuestro estado natural. El verdadero reto es aprender a crear el espacio para crear.

Ahí te lo dejo,

Ciao ciao


Satya

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